Santa Clara 1271-2026. “Nas marxes” desempolvando el rito

Uxía I. Lodeiro firma para TEATRON un artículo sobre la primera edición de Nas Marxes

Tiempo de resurrección, el regreso

Como reza la propia página web de la bienal:

La Bienal de Pontevedra surgió en 1969 por iniciativa de la Diputación de Pontevedra a partir de la labor de promoción artística que la entidad desarrolla ininterrumpidamente desde el siglo XX, especialmente desde 1925. La idea era reunir en una exposición conjunta todo el arte realizado en la provincia, lo que dio origen a la I Bienal de Arte.

A lo largo de los años la bienal pasó por diferentes etapas, fue creciendo y expandiéndose de la mano de diferentes directores. Hasta que en el 2010 interrumpió su crecimiento por un periodo de 3 lustros de ausencia. En 2025 la bienal resucita con el título de Volver a ser humanos. Ante el dolor de los demás. En esta edición, dirigida por Antón Castro, la bienal de artes se abre a las disciplinas de las artes vivas en un programa dirigido por Iñaki Martínez Antelo.

Esta programación fue el germen de lo que hoy estamos viviendo como la primera bienal de artes vivas bajo el nombre de Nas marxes (En los márgenes).

Parece que en muchas ocasiones las bienales escénicas complementan, adornan o hacen de teloneros de la propia bienal de artes plásticas. Sería interesante que la declaración de intenciones del presidente de la bienal de dotar de una propia bienal a las artes vivas, en alternancia de años, sea un hecho, elevando así con este gesto a “arte” lo escénico, lo vivo, lo efímero.

El convento, desempolvando el rito, la fraternidad

En el 2025 la programación de artes vivas se extendió en el tiempo y en el territorio: 12 propuestas a lo largo de 3 meses en diferentes lugares de la geografía pontevedresa.

En la edición de 2026 son 11 días, del 2 al 12 de julio, y 22 propuestas y todo gira en torno a tres espacios dentro del convento de Santa Clara: la iglesia, el coro y los jardines.

Espacios que los que seguimos la bienal vemos transmutar. ¿Cómo es posible que esta sensación de espacio renovado la sienta con tanta potencia en estos días y no la sienta cuando voy al teatro, donde la caja negra se transforma por el efecto de los artistas, de la iluminación, de los elementos escénicos?

Os daré una pista muy obvia, la clave está en la mutación del enclave de escenario-patio de butacas y en la ruptura de la cuarta pared. Los márgenes se desdibujan, se borran las fronteras, se difuminan las miradas, escuchamos la respiración de los artistas casi hasta poder conectar su respiración a la nuestra. ¡Esta es la clave!

El continente en este caso, de por sí, aporta contenido a cada una de las performances. Es inevitable no incluirlo en la dramaturgia consciente o inconsciente del ojo que observa.

El espacio en sí me ha llevado a mil lugares, a mil territorios de mi memoria.

Desde que en el 1271 se fundó el convento hasta que en septiembre de 2017 sor Purificación y sor Sagrario lo abandonan, imagino los ritos celebrados en estos espacios: “la toma del hábito”, la ceremonia de los “votos simples” o los “votos solemnes o perpetuos”. Ceremonias que conducían a las jóvenes postulantes en su recorrido a la espiritualidad.

Después de 9 años de inactividad el convento se abre de nuevo al rito con un programa híbrido, en los márgenes de la danza, de la teatralidad, de la música, de la performance.  Un programa que parece concebido para este espacio. Un programa que nos conduce como espectadores a una espiritualidad no buscada. Espiritualidad que se va forjando a lo largo de los días y que acaba por devolverme una sensación de fraternidad con los artistas, con los espectadores, con el equipo técnico y de producción, con el espacio. Así a lo tonto, casi sin darme cuenta, me veo sentada el último día de la bienal, después de la increíble presentación “mística” de Marco Bertani, charlando con algunas amigas, con algunas bailarinas, con algunas amigas bailarinas, con el propio Marco. Sí, me veo allí sentada, en las escaleras del acceso norte a la capilla, con el juicio final de la puerta como testigo, no queriendo irme, que mi retiro espiritual de 11 días concluya, aún sabiendo que el poso de lo vivido no se desvanecerá tan fácilmente con el tiempo.

Es cierto que no he podido ver las 22 propuestas del programa pero sí la mayoría y en un acto de conexión de propuestas buscando dibujar esa constelación de la que Iñaki (el artífice de esta programación) nos habla en el programa, encuentro algunos hilos conductores que acercan y unen gran parte de las propuestas: la exploración de la voz en sus límites, llevar los cuerpos a los límites del tiempo, de la resistencia, la deformidad, los límites de la inactividad, lo imperceptible. Otro hilo casi implícito por la propia utilización de algunos de los espacios es la búsqueda de la proximidad, de la apelación al público por la complicidad generada por el espacio compartido, la búsqueda de la revelación del secreto, de lo oculto, de lo prohibido, de la cara b de las cosas. Y es que nada es lo que parece, o sí, según se mire.

Y con estos hilos que unen y dibujan esta constelación me lanzo a dar una pincelada emocional de lo vivido. Porque así me siento yo, emocional.

(…)

Retomo el martes 7 con Jérôme Bel en programa único para este día.

María Roja presta su cuerpo y su presencia a Jérôme Bel para la pieza Jérôme Bel. Una conferencia a modo de las autobiocoreografías ya ensayadas con otros bailarines o coreógrafos como la de Veronique Doisneau o la de Isabel Torres, o incluso como la colaboración con su admirado Xavier Le Roy.

Maria Roja con su magnética presencia va tejiendo la autobiografía con la vida, la obra y los pensamientos ético-políticos de Jérôme Bel. Maria-Jérôme nos habla de «sí mismo» en primera persona de una manera pausada, clara, con una dicción cuidada, dándonos tiempo a la masticación, al pensamiento, a la construcción mental de nuestros propios argumentos. Jérôme se nos muestra humano, humilde y reflexivo en la mirada de su obra que continuamente actualiza conforme avanza la pieza. Me siento como en la sala de estar escuchando a mi colega después de haber hecho un proceso largo con su terapeuta. Me quedo con la resonancia de que el artista a través de su obra acaba mostrando su manera de estar en mundo.

La autobiografía comienza con un encuadre que anuncia 2 horas de duración, advirtiéndonos y animándonos a abandonar la sala si así lo necesitamos. Para mí las 2 horas vuelan, se crea en la iglesia un estado de atención plena y cuando salimos a la calle se activan las ganas de hablar con las colegas de la vida, de arte, de política, de dolor y de ecologismo.

De regreso a casa compruebo que para ver tu obra, Jérôme, he recorrido 60 kilómetros en mi Toyota Yaris, he consumido casi 4 litros de gasolina y he emitido 7 Kilos de CO2 a la atmósfera. C’est la vie. 

(…)

Me siento feliz de estos días de bienal, feliz de los momentos compartidos. 11 días y 22 propuestas.

Google me dice que el 11 y el 22 son los llamados números maestros en numerología, representando vibraciones espirituales elevadas. El 11 es el Mensajero o Iluminador, asociado con la intuición, la clarividencia y la inspiración. El 22 es el Constructor Maestro, vinculado a la materialización, el liderazgo y la capacidad de construir grandes proyectos en el plano terrenal.

Me pregunto si fue el azar o la intuición lo que llevó a Iñaki a dar este orden a la constelación de propuestas. Fuere como fuere, ojalá esto represente un ancla al futuro. Larga vida a la bienal de artes vivas, larga vida a estos espacios de creación, intercambio y comunión.

Amén.

Fotografía: Romina Doce

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