‘Yo solo quiero irme a Francia’: Tal como somos

Crítica de Bernardo Romero para Huelva24

Una historia bien construida y con los tiempos muy medidos solo puede proceder de una mente lúcida y valiente, tanto como para dar cuenta de las cosas que han pasado, y cómo han pasado, además de las que pasan y cómo están pasando. Sobre el texto habría mucho que decir, y todo sobresaliente, pues no es poca cosa que se relate una historia de la posguerra que huye de la consabida historieta de los buenos contra los malos, para lo cual bastará una solo frase de la protagonista en la que recuerda un momento trágico de un conflicto cruel y terrible que acaeció en España hace casi un siglo. Del mismo modo bastará una frase de una de las jóvenes que sostienen buena parte de la obra, sobre su dedicación profesional, para poner en solfa a todo este periodismo digital à la mode, tan alejado de un oficio hoy tremendamente maltratado. Con solo el tono de voz y tres titulares de sus colaboraciones en la revista en la que trabaja, María Roja aplasta toda esta tendencia de ciertas empresas periodísticas a sobreponer el clickbait al rigor y a la seriedad. Y además lo dice con resignación, dando por hecho que su trabajo es un fiasco muy alejado de lo que debería ser su profesión. Y no son sólo estos los dilemas que aborda Elisabeth Larena en su entretenida obra, son también el caso de los niños robados, el deseo de zarpar de un ambiente político y social agobiante, o el no saber muy bien qué hacer cada cual con su vida. Todo esto, con ser mucho, no lo es todo. Un lío familiar bastante complicado es lo que conduce la obra y toda la acción, dando las pistas justas al tiempo que transcurre una acción que respeta todos los principios básicos de un texto teatral o un guion cinematográfico, desde la presentación de los personajes que se inicia con un diálogo con el público, ya entregado por el personaje que es en sí María Galiana, de una actriz sobre la que pivota toda la obra. Del resto de actrices hemos de reconocer que su trabajo es excelente, que están metidas en el papel con una naturalidad que anima o contribuye a que sea creíble una historia por la que rondan espíritus de fallecidas que el espectador debe asumir incluso en el caso de que sean irreductiblemente agnósticos.
María Galiana es indudablemente el mayor atractivo del cartel, lo cual se deriva de sus aclamadas participaciones en series muy seguidas por el gran público. Detrás de toda esa popularidad, es evidente que está la actriz de teatro que siempre fue. Con sus partenaires ocurre algo parecido, pues son, con mayor o menor experiencia, unas actrices de altura, como demuestra que aparezcan en la obra convincentes y sin estridencias, algo que agradece el público y a buen seguro la joven y sorprendente directora, destinada a ser una firma de confianza en todas las piezas que pueda poner en marcha y que esperamos sean muchas.
Hay alguna deficiencia en el sonido, en unas voces en off que igual son demasiado graves, e ininteligibles, o demasiado chirriantes y a volúmenes tan altos como no apropiados. En el apartado de la escenografía, no acabamos de entender los plásticos azules que coronan la estancia, que reflejan de manera bastante cutre los focos, la iluminación a lo largo de toda la obra. El resto de la escenografía, el utillaje y la disposición de todos los elementos, incluso la metida con calzador estructura metálica a la que suben para ver el movidito panorama exterior, pueden pasar por buenos. Todo esto tiene poca importancia cuando sobre la escena cuatro actrices llegan al público con una naturalidad y un saber hacer más que sobresalientes. María Galiana durante toda la obra, incluida su vis cómica que ejecuta casi sin querer, por mucho que sea más que queriendo; Anna Mayo y María Roja, que saben medir los textos en el tono y en el tiempo, o en el espacio, queremos decir en los silencios que tanto contribuyen al buen ritmo del drama. La veloz aparición de Nieve de Medina en las escenas finales, son las que acaban cuadrando a la perfección la obra, y es otra actriz que recorre la escena con un poderío que es pieza eficaz en este puzle que Elisabeth Larena nos va construyendo pieza a pieza, con el mismo cuidado que ha tenido al escribir unos textos que podrían parecer paranormales, pero no, son unos textos tan reales como atrevidos, destinados a retratar cómo somos y cómo hemos sido. Casi nada.

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(*A personaxe de Inés na función de Huelva foi interpretada por María Roja, non por Alicia Armenteros):
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